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| Paginas Afiliadas
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La
Revolución Mexicana en el Sur
La
mecha de la revolución estaba ya encendida, y los miembros del
club Juan Álvarez, se habían reunido y en forma secreta habían
designado su jefe en la persona del Sr.
Don Ambrosio Figueroa, a quien por sus dotes de honradez,
popularidad, hombre responsable e integro y además por su energía y
conocimientos de la milicia, consideraron el mas apropiado para asumir
el mando de la revuelta que se gestaba. no había mas alternativa que
lanzarse a la lucha armada para conquistar por la fuerza de las armas
los principales que sostenían y en donde estaba comprometido su honor
y sus convicciones. habían sido husmeadas ya las casas de algunos de
ellos y era seguro que el gobierno tenia datos del levantamiento que
se generaba. Así
se lo comunicaron a la junta Revoluciónaria de la ciudad de México y
esta en forma muy hábil y oportuna, hizo llegar a manos de Don
Ambrosio los primeros elementos belicos. En unas cajas, perfectamente
disimuladas y consignadas como herramientas llegaron por ferrocarril a
Iguala, cincuenta carabinas Winchester calibre 44 con dotación de 50
cartuchos cada una. La
cita para todos los comprometidos era para el dia 24 de febrero de
1911 en el cerro de San Lucas. Ese dia, mas bien dicho esa noche, se
reunieron en el lugar de la cita poco menos de treinta hombres.
Entre los principales se encontraban los siguientes: Don Ambrosio
Figueroa, su hermano Don Romulo, Don Fidel Fuentes, Don Martin Vicario,
Don Odilon Figueroa, Rosendo y Abraham Castro, Rosendo Robles, Enrique
Castrejon, Cipriano Toledo, Agustin Abundez, Francisco Manjarres, Juan
Taboada, Rene Abundez, Ezequiel Alarcon, Nazario Mata y otros más.
Fue una noche tremenda, de verdadera prueba para aquel grupo de
valientes que desafiando el poder dictatorial
de Porfirio Diaz. Despues de deliberar, los principales
cabecillas tomaron el acuerdo de dividirse en dos grupos para hacer un
recorrido por distintos lugares circunvecinos y reunirse en Atenango
del Rio, llevando los tropas que pudieran reunir en el camino.
El
26 de febrero, como lo habían proyectado y convenido, entraron en
Atenango del Rio en actitud de abierta rebelion poco más de cuarenta
hombres. La
primera providencia de los alzados fue controlar las oficinas de
gobierno: sub-recaudacion, timbre, correos, etc., que dados los
raquiticos ingresos, fue poca la cantidad recogida. Despues, imponer
un prestamo en efectivo a los principales comerciantes, que dio un
resultado identico. Todo esto se hizo dentro de un orden absoluto, pues fue consigna que se observe siempre, no permitir desmán alguno que pudiera desprestigiar al naciente movimiento Revoluciónario.
A
continuación y estando en correcta formacion el contingente Revoluciónario
sé leyo por el jefe Don Ambrosio una proclama ante el pueblo
congregado, explicando y justificando la actitud que asumian los
alzados contra el gobierno de Porfirio Diaz, pidiendo al final la
renuncia del presidente y convocando a las armas a todo el pueblo.
Este documento, asi como otros mas que se dieron a conocer, fueron
escritos por el profesor Don Francisco
Figueroa, que en esa ocasion estaba fungiendo como sindico del H.
Ayuntamiento de Huitzuco, pero que, ardiente partidario de la revolución,
seguia en su puesto para colaborar secretamente con los Revoluciónarios.
De
aqui el grupo Revoluciónario paso a Chaucingo, pueblecito de
rancheros que por su proximidad a Quetzalapa, la tierra de los
Figueroa, tenian muchos parientes, y como es natural, todos los
vecinos eran partidarios del movimiento. Engrosaron aqui las filas
rebeldes los siguientes: Ignacio Astudillo, Francisco Castrejon,
Ernesto y Carlos Castrejon, Andres Castrejon, Jose Gomez y otros más. De
este lugar siguio la pequeña columna a Quetzalapa, siendo recibida
con verdaderas demostraciones de alegria y entusiasmo, pues cabe decir
que cuanto necesitaban los alzados, forrajes para sus caballos, comida
para ellos, etc., eran ofreci dos espontaneamente por los vecinos.
Aqui engrosaron las filas rebeldes: Ambrosio Figueroa Marban, Jose
Valle, Jose Castrejón F., filfego Mata, Rafael Castrejon, Ramon
Vicario, Dario Gaytan y otros más.
En
este lugar se incorporaron a la columna, procedentes de Tilzapotla y
otros lugares del vecino Estado de Morelos, los siguientes: Agustin y
Pedro Albarran, Justo Rebollar, Enrique Morales, Julio Figueroa,
Herculano Gonzalez Valero y Nestor Najera. Ahora, el obietivo era Huitzuco y con ese fin a temprana hora salieron los rebeldes, arribando a este lugar exactamente a las doce del dia 28 de febrero de 1911.
La
Batalla de Huitzuco Las
fuerzas rebeldes, divididas en tres secciones, entraron al pueblo, una
por la calle del Calvario al mando de Don Ambrosio, la otra por la
calle que ahora es Progreso, al mando de Don Martín Vicario para
reunirse en el centro o plaza principal, tambien venian llegando por
el rumbo de Lagunillas las tropas de Don Romulo Figueroa quien iban al
trote sin detenerse y con las armas en la mano. no sin antes cumplir
las respectivas comisiones, como eran las de apoderarse de los fondos
de las oficinas de la subrecaudacion, timbre y la carcel para poner en
libertar a los presos. El
jefe Don Ambrosio mandó imnediatamente un vigilante al cerro del
Venado, que domina perfectamente el camino para Iguala. Habia
transcurrido escasa media hora desde la llegada de los Revoluciónarios,
cuando llego corriendo el vigilante apostado en el cerro del Venado,
anunciando que estaban ya llegando al Palo Prieto las fuerzas del
gobierno, que eran alrededor de 200 hombres y traian rurales e
infanteria. Entonces
Don Ambrosio, previa deliberacion con sus principales jefes
subalternos, tomaron la determinacion de hacerle frente al gobiemo,
iniciando los dispositivos de combate. De la gente que tenia en la plaza ordeno se parapetaran en los pilares de la parte sur; envió un peloton a la torre de la iglesia; mandó cubrir tambien el portal de la Reforma y él sé situo en el angulo sur ccidental del zocalo, dando la consigna de que al acercarse el enemigo, nadie disparara hasta que él lo hiciera, pues queria ser el primero que rompiera el fuego contra las fuerzas del dictador, ya que al encabezar la revuelta le correspondia el honor de ser él quien disparara el primer tiro.
Don
Romulo que se encontraba en el centro en esos momentos, mandó cubrir
con su gente los balcones de su propia casa; ordenó gente con sus
caballos a la casa vecina de Don Ignacio Uriza para cubrir los
balcones de la misma casa; envió gente tambien a la casa de doña
Josefa López para vigilar y cubrir la parte sur. Al
llegar los rebeldes, la gente del pueblo sé habia congregado en la
plaza para saludar a sus paisanos, a sus amigos y conocidos, algunos
de ellos se unieron en esos momentos a los pronunciados, sumando en
total ó2 hombres segun la lista adjunta: Por fin, la avanzada del enemigo que la componia un pelotón de rurales, hizo su aparicion por la calle que desemboca a la plazuela, hoy jardin de la Raza, atraveso esta para dirigirse directamente a los tamarindos del zocalo. En ese precise instante, y a solo unos cincuenta pasos del lugar a donde se encontraba el jefe Don Ambrosio, se dejo oir un disparo y seguidamente una atronadora descarga. Rodaron por el suelo caballos y jinetes y en la confusion de la sorpresa, a toda carrera, los pocos rurales que quedaron con vida, emprendieron una desordenada retirada, bajo un fuego atronador.
En
ese preciso momento, Don Romulo habia ido enfrente a la casa de Don
Jesus Soto a recoger una carabina que tenia este y cuando regresaba se
oyeron las primeras descargas. El
enemigo repuesto de la sorpresa, sé organizó y volvio a la carga,
pero en esta vez protegiendose pegados a la pared de la acera, pero
fueron otra vez rechazados, pues la punteria de los rebeldes era muy
efectiva. Entonces cambiaron de tactica y parapetados en las esquinas
de las bocacalles, sé entablo un nutrido tiroteo que duro toda esa
tarde. Era
tan efectivo el fuego de los rebeldes, que apenas asomaban un poco la
cabeza, eran facil blanco de las balas de sus carabinas. Por
el lado de la Av. hoy Libertad, habia entonces un sitio que por barda
tenia un tecorral y junto a ese tecorral habia en hilera unos ciruelos.
Alli detras de esos ciruelos sé habían ido a posesionar unos
soldados federales y estaban tirando muy certeramente sobre los
balcones de la casa que ocupaba Don Romulo. Se dio cuenta de esto y
entonces él, que era un tirador magnifico, se propuso acabar con
ellos y calculando el grueso de la corteza de dichos ciruelos, comenzo
a disparar sobre ellos, viendo como a poco, se acallaba el fuego que
de esa parte estaba haciendo el enemigo. En
el portal de la Reforma estaba apostado tambien otro magnifico tirador,
José Castrejon, “El Güero Largo”, y estaba causando grandes
bajas al enemigo, al grado de que en la esquina de la casa de Dna.
Elena Giron, pelon que se asomaba, era blanco seguro. Uno de los
oficiales federales fue avisado de esto y ante la incredulidad de este,
un soldado puso su chacó en el cañon de su fusil y lo saco un poco
por la esquina,No tardo en oirse una detonacion y el chaco voló por
el aire, ante el asombro y panico al mismo tiempo de los circunstantes. Tal
era la superioridad de los rebeldes, pero no en municiones, de lo que
ya estaban muy escasos. Los federales recurrieron a otras estratagemas.
Vestidos con faldas de mujer, cruzaban las calles para evitar ser
blanco de los rebeldes, pero no falto una valiente mujer que fue,
dando un rodeo, hasta la casa de Don Romulo para dar el aviso y
entonces comenzaron hacer fuego sobre las supuestas mujeres que
pasaban por la calle. Don
Ambrosio, calculando que aquella pelea desigual no podia durar mucho
tiempo, opta por retirar y al oscurecer ordenó a todos sus elementos
alistaran sus caballos y en formación de dos salieron al trote; unos
por la calle del Calvario y el resto por la que hoy es Progreso hasta
la salida y cosa inexplicable: el enemigo no se dio cuenta de esta
retirada, pues a poco de que salieron los rebeldes continue el fuego
de los soldados del gobierno durante toda la noche. El
saldo de esta cruenta jomada fue de 42 bajas por parte el gobiemo
entre muertos y heridos y solamente de tres heridos por parte de los
rebeldes, y de estos, solo uno de relativa gravedad. Entre
los pacificos moradores del pueblo hubo tres muertos y cuatro heridos,
como resultado del injustificado tiroteo de los federales durante la
noche de ese dia. Pero mas que las bajas entre las filas del gobiemo, este choque fue un impacto directo contra la vieja y apolillada dictadura, un ejempio y un mensaje de aliento para todos los demas comprometidos en el Estado, pues la noticia de esta acción guerrera cundio como reguero de polvora por todas partes, inflamando sus pechos en belicos arrestos. Fue un triunfo moral mas que militar para la revolución que se iniciaba, pues este acontecimiento tuvo la virtud de levantar el animo de los que estando comprometidos, solo esperaban el momento propicio y este se les presentaba al saberse que uno de sus jefes estaba ya en armas peleando por la causa del pueblo.
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